Scapigliati: punks del siglo XIX

In tutte le grandi città del mondo incivilito esiste una certa razza di gente, tra i venti e i trentacinque anni, non più; pieni d’ingegno quasi sempre; più avanzati del loro secolo; indipendenti come l’aquila delle Alpi; pronti al bene quanto al male; irrequieti, travagliati, turbolenti… Questa classe, vero pandemonio del secolo, personificazione della storditaggine e della follia, serbatoio del disordine, dello spirito d’indipendenza e di opposizione agli ordini stabiliti, questa classe che a Milano ha più che altrove ragione di esistere, io, l’ho battezzata la Scapigliatura… essa mi rende il concetto di questa parte di popolazione tanto diversa dall’altra per i suoi misteri, le sue miserie, i suoi dolori, le sue speranze, i suoi traviamenti, sconosciuti ai giovani morigerati e dabbene ed agli adulti gravi e posati, che della vita hanno preso la strada comoda, senza emozioni come senza pericoli…”

Cletto Arrighi, La Scapiglaitura e il 6 febbraio

Scapigliati. Así bautizó Cletto Arrighi a “aquellos individuos de ambos sexos, inquietos, preocupados y turbulentos (…) con su manera excéntrica y desordenada de vivir” y que “merecían ser clasificados en una nueva y particular subdivisión de la gran familia civil”. Ellos serían quienes expandirían la Scapigliatura (desorden en la vida o vida sin reglas en italiano) desde Milán a lo largo de la península itálica, entre los años 60 y los años 80 del siglo XIX.

Tampoco estaba en sus planes tal expansión, la Scapigliatura estaba lejos de ser un movimiento organizado, así como tampoco fueron organizadas las vidas de los scapigliati. Su afán de rebelión iba en contra de la cultura tradicional y el buen sentido burgués del Romanticismo oficial italiano, su superficialidad y su ideología nacionalista, así como en contra del provincialismo de la cultura del Risorgimento y su forzada reunificación italiana, oposición que se consideraba un pecado imperdonable en aquellos tiempos.

Esta condición había llevado a ciertos artistas a los márgenes de la sociedad, menospreciando las normas morales convencionales e inclinándose a encontrar el nexo de unión entre la realidad física y la realidad psíquica, con una fascinación por la enfermedad en toda su poética y su vida, generalmente corta, y a la creación del mito de la vida desordenada e irregular inspirada en el malditismo (concepto que hace referencia al libro de Les Poètes maudits de Paul Verlaine, donde el autor honra a seis poetas y expresa como el genio de cada uno había sido también su maldición, alejándoles de la sociedad)

Fruto de esta percepción, los scapigliati llegaron a una especie de conciencia dualística que contrastaba el ideal que se quería alcanzar con la que ellos consideravan la cruda realidad. El ejemplo más obvio de esta dualística es el poema. Dualismo de Arrigo Boito, seudónimo de Carlo Righetti, y que representa la ambigüedad de la naturaleza humana dividida entre lo angelical y lo demoníaco, la tendencia entre la sublimación en el ideal y la caída en el vicio del mal:

“Son luce ed ombra; angelica                       Yo soy la luz y la sombra angelical

farfalla o verme immondo                             mariposa o un gusano inmundo

sono un caduto cherubo                                 soy un ángel cherubino caído

dannato a errar sul mondo,                         condenado a errar por el mundo

o un demone che sale,                                     o un demonio en aumento

affaticando l’ale,                                               fatigando las alas,

verso un lontano ciel.”                                     hacia un cielo lejano

Así fue como la Scapigliatura hizo surgir por primera vez en Italia el conflicto entre artista y sociedad típico del Romanticismo extranjero y puso su mirada en la bohèmereferida a la vida caótica i anticonformista de los artistas parisinos descrita en la novela de Henri Murger Scènes de la vie de bohème (1847-19849). El movimiento tuvo también una clara evocación a los modelos del Romanticismo alemán de Hoffman, Jean Paul Friedrich Richter y Henrich Heine, aunque su mirada estuvo puesta especialmente en Charles Baudelaire o en Edgar Allan Poe. De todas formas, no sería posible presentar a los scapigliati como sus equivalentes italianos pues, su mundo poético y literario era incoherente y desordenado.

Por esta razón, la Scapigliatura tiene gran parte del interés en su ideales y su estética, más que en el hecho de ser un movimiento literario, ya que su literatura peca de una fisionomia bien definida. Significó sobretodo un revivir de un estancamiento, una insatisfacción en frente de la academia Romántica, una rebelión en contra de todo conformismo, dispuesta a celebrar, también en el arte, una libertad, una vitalidad más intensa, una sensibilidad más ansiosa, ávida de forzar los límites de la sociedad, de las costumbres, de la vida estancada y burguesa, los mismos límites de un sistema que volvía a construirse, con la inercia de una tradición, y que amenazaban con un un clasicismo de retorno.

Scapigliati milaneses

El mismo Cletto Arrighi describe en un pasaje el estado de enorme excitación psíquica que los scapigliati definían como enfermedad y desorden moral y que exaltaban como condición para un arte vivo y auténtico:

“d’aspetto smunto, solcato, cadaverico, su cui si adombra il segreto di un dolore infinito, i sogni, i tentativi di una felicità inarrivabile, le lacrime di sangue, la tremenda sfiducia e la finale disperazione”

La esencia de esta rebelión respondía a una confrontación a las generaciones que les habían precedido, una herencia aceptada pero sufrida con una conciencia de inferioridad que dio un motivo de inquietud interna, parecida al rencor de un hijo a un padre. Por esta razón fue una protesta ambigua que no consiguió definirse, porque miraba al pasado con resentimiento más que al futuro.

Es debido a la importancia de este clima de transición que se le puede dar al movimiento un valor más histórico que artístico ya que, en general, no fue tanto la cualidad de la obra literaria o artística que dejó lo que tiene más trascendencia, sino las motivaciones internas causadas por un entorno en concreto que llevaron a que esta corriente surgiera.

Este aborrecimiento a lo precedido y a lo establecido engendró un afán de autodestrucción excepcional. De aquí el gran número de muertes por alcoholismo y suicidios en la escena de la literatura italiana entre los 60 y 80 del siglo XIX, por esta idea del arte amado y sufrido concebido tan trágicamente. Es precisamente este ansia, esta voluntad heroica y satánica de hacer del arte y la vida una sola cosa, de afirmar un individualismo exasperado, de realizar a toda costa la necesidad de ser y sentirse diferente que asocia a los scapigliati al sueño romántico y al decadentismo.

Arrighi, Rovani, Praga, Tarchetti, Boito, Camerana, Dossi, Zendrini, Farina o Ghislazoni son los nombres que nos dejó la Scapigliatura, nombres que más que estar en un plano de la narrativa, se encuentran en el plano de la poesía; una poesía hecha de verdad, de patético dolor humano y de angustia secreta y discreta. Nos dejaron también el testimonio de una inquietud humana, de una persecución de ideales que deviene imposible, una intolerancia a la realidad y la dolorosa sensibilidad de su presencia hostil.

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