Identidades híbridas

Después de un par de meses de inactividad en este híbrido y abstracto blog, me ha parecido oportuno hacer un esfuerzo de inteligibilidad para toda aquella gente que está dando una respuesta, de una manera u otra, a este proyecto.

En parte, esta explicación es un gesto de gratitud, al ser consciente que el deseo que descansaba detrás de toda esta compilación de temas que se han plasmado en este pequeño espacio de la amenazadora pero seductora realidad que es Internet, se está cumpliendo, aunque aun tenga forma de pequeño y deforme embrión.

Identidades híbridas es, primero de todo, una defensa de la diferencia y del libre asociacionismo. De las personalidades construidas a partir de elementos dispares y dadaístas – si tenemos en cuenta el “sentido común” -,  y que a menudo no se adaptan a la estructura social. Es, como promulga el título de este blog: una amalgama de significados que subvierten y perturban los discursos asentados que nace de una sensación de incomodidad y hastío.

Es a la vez una necesidad de expresión. Ante la innegable idea de que estamos solos, la “expresión artística” nos brinda una puerta a concebir que alguien puede llegar a ver lo mismo que ve otro. Este es un instante de lucidez que permite no sentirnos solos espiritualmente y emocionalmente. Es un momento breve en el que parece que lo comprendemos todo. El hecho de que nunca podremos estar en la conciencia del otro, que nunca sabremos qué piensa, cómo siente, etc. nos hace necesitados de algún tipo de conexión con el “afuera” que nos permita atravesar esa inmanencia. El arte nos da esta conexión. Cuando leemos un libro de ficción, podemos mantener una conversación profunda con una consciencia de una forma que no podemos tener con nadie más. Y así es también con otras expresiones artísticas, cuando a través de ellas intuimos que alguien ha experimentado algo de la misma forma en la que lo ha hecho uno mismo, sentimos una trascendencia tranquilizadora. Por lo tanto, Identidades Híbridas es una propuesta de visión del mundo, una selección de miradas que conectan con una propia y que pretende conectar con la de otros.

Drill de Sáry Saudkové

Drill de Sáry Saudkové

Paralelamente es también un proyecto de exploración e investigación. Una indagación en la creación de identidades y del poder de éstas para dar sentido al sujeto. Del caos y el trauma que conlleva desenmascarar las articulaciones que la construyen. A partir de lo que sentenció el filósofo inglés John Mepham (1938-2012): “Tan tenazmente arraigan en nuestro discurso y pensamientos sobre el mundo las distinciones e identidades, sea por el papel que desempeñan en nuestras vidas prácticas o porque son cognitivamente poderosas y constituyen un importante aspecto del modo en que dotamos de sentido a nuestra experiencia, que cuestionarlas teóricamente puede resultar traumático”, este proyecto es precisamente un propósito de cuestionamiento teórico de las identidades y generación del trauma.

Finalmente (o posiblemente no) Identidades Híbridas es una llamada a crear una comunidad. A buscar a otros que también sientan una conexión con estos enfoques y a darles amparo bajo un título, un titulo híbrido en constante transformación, una etiqueta borrosa y resbaladiza con la que nunca se podrá categorizar, una comunidad de identidades líquidas. Es una llamada a buscar al otro perdido con el que igualarse, y a reconocer al otro con el que diferenciarse y al fin, negarse. I esto se une al primer propósito, al de hacer una oda a la diferencia, a subrayarla y celebrarla como propuesta artística y al fin y al cabo como única expresión de verdad. Ya que el ser, diferente, sólo tiene sentido cuando el otro lo nombra como tal, como negación, así que necesita de la comunidad, una comunidad contra la que negarse y una comunidad en la que completarse por su principio de incompletud, a la vez que le es imposible formar parte de ella, ya que si se definiera conscientemente como tal, como comunidad, ésta perdería su sentido. De aquí que la comunidad sea inconfesable, tal y como lo explicó el intelectual francés Maurice Blanchot (1907-2003) en su obra con este mismo nombre:

“Repito, en lugar de Bataille, la interrogación: ¿por qué «comunidad»? La respuesta está dada bastante claramente: En la base de cada ser, existe un principio de insuficiencia… (principio de incompletud). Es un principio, observémoslo bien, lo que manda y ordena la posibilidad de un ser. De ahí resulta que la carencia por principio no va a la par de una necesidad de completud. El ser, insuficiente, no busca asociarse a otro para formar una sustancia de integridad. La conciencia de la insuficiencia viene de su propio cuestionamiento, el cual tiene necesidad del otro o de algo distinto para ser efectuado. Solo, el ser se cierra, se duerme y se tranquiliza. O bien está solo o no se sabe solo más que si no lo está. «La sustancia de cada ser está impugnada por cada otro sin descanso. Incluso la mirada que expresa el amor o la admiración se liga a mi como una duda que afecta a toda la realidad.» «Lo que pienso no lo he pensado solo.» Hay aquí un intrincado de motivos disímiles que justificaría un análisis, pero que tiene su fuerza en una mezcolanza de diferencias asociadas. Es como si se apiñaran en la portilla pensamientos que sólo pueden ser pensados juntos, mientras que su multitud les impide pasar. El ser busca, no ser reconocido, sino ser impugnado: va, para existir, hacia lo otro que lo impugna y a veces lo niega, con el fin de que no comience a ser sino en esa privación que lo hace consciente (ése es el origen de su conciencia) de la imposibilidad de ser él mismo, de insistir como ipse o, si se quiere, como individuo separado: así tal vez existirá, experimentándose como exterioridad siempre previa, o como existencia vista en perspectiva lineal, sólo componiéndose como si se descompusiera constante, violenta y silenciosamente.

De este modo, la existencia de cada ser reclama lo otro o una pluralidad de otros (porque es como una deflagración en cadena que tiene necesidad de cierto número de elementos para producirse, pero que correría el riesgo, si ese numero no fuera determinado, de perderse en el infinito, a la manera del universo, el cual sólo se compone ilimitándose en una infinidad de universos). Reclama, por eso, una comunidad: comunidad finita, porque ella tiene, a su vez, su principio en la finitud de los seres que la componen y que no soportarían que ésta (la comunidad) olvide llevar a un grado de tensión más alto Infinitud que los constituye.

Aquí nos encontramos enfrentados a dificultades poco dominables. La comunidad, sea o no numerosa (pero, teórica e históricamente, no hay comunidad sino de un pequeño número —comunidad de frailes, comunidad hassídica (y los kibbutzim), comunidad de eruditos, comunidad con vistas a la «comunidad», o bien comunidad de los amantes), parece ofrecerse como tendencia a una comunión, incluso a una fusión, es decir, a una efervescencia que no reuniría los elementos sino para dar lugar a una unidad (una sobreindividualidad) que se expondría a las mismas objeciones que la simple consideración de un solo individuo, cerrado en su inmanencia.”

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