William, la identidad deteriorada (Parte I)

Aquel era nuestro primer encuentro con William, un hombre inmigrante sin hogar desde hacía años, cuya historia de vida pretendíamos escribir. También era la primera vez que intentábamos hacer aquello -no éramos antropólogas ni habíamos hecho nunca una etnografía- pero, aun así, teníamos un interés especial en escuchar la historia de William. Nos habíamos prestado como colaboradoras en un proyecto de la universidad. Mi compañera en el proyecto y yo apenas nos conocíamos, pero ya nos habíamos dado cuenta de que coincidíamos en cierto tipo de aspectos, ese tipo de aspectos que acaban condicionando profundamente las relaciones. Las dos aceptamos entrevistar a William, aunque nos hubieran advertido de sus dificultades de comunicación. Siete meses antes había padecido un ictus que le había dejado ingresado en el Centre Social Santa Lluïsa de Marillac, una institución que se ocupa del cuidado de personas que acaban de salir del hospital y no tienen un hogar ni a nadie a quien acudir.

La sala en la que nos hicieron esperar era aséptica: una mesa redonda en el centro ocupaba la mayor parte de sus escasos ocho metros cuadrados, y una luz amarilla, a juego con aquella tarde oscura y húmeda de finales de octubre, dominaba la estancia. Finalmente William, que acababa de merendar (la merienda se servía puntualmente a las 5 de la tarde todos los días), apareció en la habitación. De complexión fuerte y postura rígida, sus ojos tristes captaban toda la atención en su rostro oscuro. Nos presentamos. Él parecía distante e introvertido. Nosotras torpes, justamente por querer ser demasiado cautelosas. Más tarde nos aborreceríamos mutuamente por cada palabra que dijimos y cada gesto que hicimos en aquel encuentro. Conforme íbamos hablando, un poco a trompicones, todo nos parecía cada vez más entrometido y desacertado. Durante unos veinte minutos le hicimos cuatro preguntas mal hechas que respondían mejor a quiénes éramos nosotras que a quién era él. Destapaban nuestros prejuicios y nuestras ingenuidades. No teníamos ninguna referencia para enfrentar aquella situación. Me preguntaba hasta qué punto mi compañera compartía esa misma sensación de ridículo.

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Al finalizar aquella torpe entrevista, otorgaríamos la razón de nuestra angustia y desorientación al haber entrevistado a William sin previa preparación, sin un mínimo guión sobre qué preguntar. Aun así, más adelante nos daríamos cuenta de que no habríamos podido preparar nada aunque lo hubiéramos querido, aquello debía ser, inevitablemente, una absoluta improvisación, al enfrentarnos con una situación en la que no teníamos códigos a los que apelar, y en la que nos daríamos de bruces con una infinidad de preguntas de tipo moral y existencial.

¿Quien éramos nosotras para estar allí preguntando todo aquello a aquel señor? ¿Por qué él estaba en aquella situación y no nosotras? ¿Por qué era a él a quién se debía entrevistar?

“La situación especial del estigmatizado reside en que por una parte la sociedad le dice que es miembro del grupo más amplio, lo cual significa que es un ser humano normal, y por otra, que hasta cierto punto es “diferente” y que sería disparatado negar esa diferencia. La diferencia en sí deriva, por cierto, de la sociedad, pues por lo general una diferencia adquiere mucha importancia cuando es conceptualizada en forma colectiva por la sociedad como un todo”

Erving Goffman, Estigma

La sensación de ridículo era la más destacable. Y lo grotesco. Aquella percepción de lo grotesco que aparecía al ser consciente de la convencionalidad de los roles. De la convencionalidad de toda estructura.

-¿Cómo estás aquí?

-Antes estaba bien. Bueno.. vengo aquí, si necesito algo vengo aquí.

Explica que hace dos meses que esta en el centro, pero hace más tiempo.

– Está bueno, me falta mucho, me ayuda a mi.

Dice que tiene 40 años (pero según su libro de familia tiene 51). Su aspecto es, definitivamente, el de una persona mayor de 40 años.

-¿Por qué viniste a Barcelona?

-Estoy libre viajando… pero bueno, aquí estoy.

Notamos la dificultad de comunicación que nos habían advertido. Los idiomas de William eran el suahili y el inglés. Aunque hablara el castellano, no había fluidez en la conversación, y nunca pudimos determinar si el problema era el idioma, el ictus que había padecido o alguna otra razón que no supimos determinar claramente.

Le explicamos de dónde venimos. De Barcelona y de México. Él de Tanzania, pero su libro de família dice que es de Sudán.

Nos explica que también ha viajado al Golfo de México cuando iba para Panamá en el barco donde trabajaba de marinero. De esto hace ya muchos años.

Desde el año 92 está en Barcelona. Parece triste cuando lo dice. Cree que desde entones Barcelona ha mejorado en general. Dice que llegó a la ciudad con un barco, le gustó y se quedó. También ha estado viviendo en Las Palmas, Bilbao y Sevilla. Supone que tiene a alguien de su familia en Tanzania, pero no tiene contacto con nadie de allí desde hace muchos años. Al principio, cuando llevaba poco tiempo fuera de su país, intercambió un par de cartas con algunos de sus miembros, pero ahora ya no. Cree que por esta razón seguramente su família ya no se acuerda de él.

-¿Quien es esta família, son hermanos?

Se ríe un poco. Luego duda, tose y dice que no tiene hermanos

-Eh… yo hermanos no tengo, bueno mi hermano pequeño…

No sabe si su hermano está vivo o muerto. Después dice que también tiene una hermana.

-¿Un hermano y una hermana? – le preguntamos.

– no, muchos.

No acabamos de entender si tiene hermanos y hermanas. Ni cuántos son o cuántos eran. Nos desconciertan las descaradas contradicciones, pero tampoco parece que él tenga un especial interés en aclarárnoslas.

Nos dice que Barcelona le gusta mucho. Tose y se disculpa, dice que está muy constipado. William se comporta de manera educada y delicada ante nosotras. Personalmente, me despierta empatía y me sorprende su sensibilidad y educación.

“De ahí que personas que no presentan más que una mínima diferencia comprenden la estructura de la situación en la que están ubicados los totalmente estigmatizados, atribuyendo, a menudo, esta simpatía a la profundidad de su naturaleza humana y no al isomorfismo de las situaciones humanas”

Erving Goffman, Estigma

-¿Tienes amigos aquí?

-Barcelona tengo amigos… amigos tengo claro, muchos.

Dice que de estos amigos algunos son de Barcelona, otros de Sudamérica y otros de África.

Nos explica que estuvo mucho tiempo viajando en barco, trabajaba de maquinista y en la cubierta. Hecha de menos trabajar en el barco.

-Bueno ahora no puedo buscar trabajo porque ahora no tengo papeles. Antes teníamos papeles international… ahora no.

-¿Qué hechas de menos?

-¿Qué cosa? Sólo trabajo, porque no puedo tener trabajo…del barco…

Dice que está en el Centre Marillac porqué tiene que recuperarse un poco. (Del “ictus” que tuvo en abril, entendemos) Él no lo menciona. Nosotras no le hablamos de ello, no sabemos si sabe que lo sabemos. Ni si le va a importar que lo sepamos.

“El problema no consiste en manejar la tensión que se genera durante los contactos sociales, sino más bien en manejar la información que se posee acerca de su deficiencia. Exhibirla u ocultarla; expresarla o guardar silencio; revelarla o disimularla; mentir o decir la verdad”

Erving Goffman, Estigma. La identidad deteriorada.

 -Aquí hay mucho se engancha a las drogas, ¿sabes? con las drogas, otro… Bueno así la vida… ¿sabes? Si tu cabeza esta muy bien…. bueno, salvas todo.

Le preguntamos que cómo se encuentra él.

-Salud bueno, claro

-¿Y de ánimo?

-Bueno, estoy

Desconocíamos hasta tal punto cómo gestionar la situación y el funcionamiento y las normas de ese tipo de centros que, cuando le sugerimos que para la próxima entrevista podríamos ir a tomar un café a un bar, le preguntamos de manera inocente si le dejarían salir del centro. ¿Pensábamos que estaba retenido? Obviamente, estaba vigilado. El hecho de que fuera una especie de reclusión confundía aún más y hacía difícil saber dónde estaban los límites de esa vigilancia.

Nos dijo que claro que podía salir. Intentamos arreglarlo, simulamos que ya sabíamos que tenía aquella libertad de movimiento. En aquel momento, aún no entendíamos muy bien exactamente quién era la gente que estaba en el centro, por qué, ni por cuánto tiempo debían o podían estar allí.

“En dichos casos, lo que aparece como falso no es la persona que tiene una diferencia, sino más bien todos y cada uno de los que se encuentran en la situación y allí intentan mantener pautas convencionales de tratamiento (…) lo amenazado es la situación, no la persona”

Erving Goffman, Estigma. La identidad deteriorada.

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Al marcharnos, después de la primera entrevista con William, fuimos más conscientes de a qué se refería David cuando nos habló de sus dificultades de comunicación, pero Ivelin y yo nos resistíamos a creer que eso fuera a impedir que conociéramos su historia de vida, e incluso que lo conociéramos a él y que hubiera una comunicación fluida entre los tres. Nos parecía que David lo estaba etiquetando como a alguien con limitaciones, hecho que veíamos e incluso denunciábamos entre nosotras como una forma de exclusión. Sentíamos una curiosa empatía con él. Creíamos, de una forma un tanto mística, que detrás de aquél velo de limitaciones, había alguien con una sensibilidad superior, alguien con quien compartíamos más cosas de las que podíamos compartir con tanta otra gente.

“Basándonos en el defecto original, tendemos a atribuirle un elevado número de imperfecciones y, al mismo tiempo, algunos atributos deseables, pero no deseados por el interesado, como, por ejemplo, el “sexto sentido”, o la percepción de la naturaleza interior de las cosas”

Erving Goffman, Estigma. La identidad deteriorada.

Al cabo de unos días, cuando llamamos al centro para comunicar que volveríamos a visitar a William, David nos informó que una enfermera de una fundación de ayuda a las personas en riesgo de exclusión social, había llamado preguntando por su paradero. La noticia despertó nuestra curiosidad, ¿Quién era esa enfermera que había prestado interés por la situación de William? Doce días después del primer encuentro, decidimos volver a visitarle. David nos había hablado de algunos documentos que William llevaba consigo el día que llegó, un libro de familia, un parte médico, y poco más. Con un afán de organización y de dar coherencia a lo que nos pareció totalmente caótico la última vez, pedimos a David, que antes que nada, nos mostrara estos documentos, pues así tendríamos una base “verídica” en la que asentarnos y poder empezar a dar un sentido a aquello que tenía que ser una historia que contemplábamos, en aquel entonces, como una biografía, fórmula únicamente interpretable desde un punto de vista totalmente convencional, occidental, y consecuentemente cronológica.

“La escritura se me niega. De ahí mi plan de investigaciones autobiográficas. No biografía, sino búsqueda y descubrimiento de elementos lo más reducidos posible. Ahí es donde me edificaré luego, igual que un hombre cuya casa se tambalea quiere construir una sólida al lado, a ser posible sirviéndose de los materiales de la vieja”. 

Franz Kafka, Diarios, junio 1922

Cuando llegamos, vimos que ya habían hecho bajar a William a la recepción. Le saludamos, parecía mucho más animado y confiado que la última vez. Una trabajadora social se ofreció a enseñarnos las dependencias del centro y David pidió a William que esperara allí hasta que acabáramos.

El centro tenía el aspecto de una escuela de primaria si no fuera porque estaba habitado por hombres convalecientes, la mayoría de más de 40 años de edad. La trabajadora social nos explicó que durante el día se hacían talleres, un horario de papel colgado en la pared informaba de qué taller se hacía a cada hora: redes sociales, cine, etc. La sala de estar era la que estaba más llena, es donde está el televisor. Cuando llegamos allí, William ya había abandonado la recepción y también estaba en una butaca viendo una serie de media tarde. Evidentemente, se había cansado de esperarnos. A mi me tranquilizó verlo allí, sin estar pendiente de lo que hacíamos nosotras.

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Cuando acabamos la ruta, pedimos a David si podíamos hablar primero sólo con él, queríamos preguntarle cosas sobre los documentos personales de William y sobre la enfermera que se puso en contacto con ellos. En definitiva, lo que queríamos era que nos facilitara alguna herramienta para sentirnos mejor preparadas para un nuevo encuentro con William, y no tener la misma sensación de pérdida, tener alguna referencia. No estar desamparadas.

Nos sentamos con David. Lo que nos explicó de antemano fue que William vivía en el Distrito 11.

-El distrito once es el SIS: Servicio de Inserción Social. ¿Por qué distrito 11? Si llamamos así a este distrito es porque es dónde están empadronadas las personas sin domicilio fijo. ¿Vale?

El distrito 11 es un distrito que no existe físicamente.

“No recuerdo haber nacido en Marsella la noche del 3 al 4 de septiembre de 1896, como lo dice el acta del registro civil; lo que sí recuerdo es haber discutido allí algún grave problema en un lugar que no era un lugar: situado, no sé dónde, entre el espacio y un mundo siniestro, fortuito, invisible, grotesco, aterradoramente inexistente. El espacio conducía hasta una escalera de vidas en la que no era visible ninguna interrupción a mi ser, y el mundo siniestro, aterrador, grotesco, era el de esta mismísima vida”

Artaud

registro civil

Seguidamente, sacó algunos papeles de una carpeta y dispuso uno sobre la mesa. Una hoja de papel con palabras i siglas que fuimos incapaces de descifrar, y que explicaban, una de las historia de vida de William, en este caso, la historia que daban los servicios sociales.

-Entonces, tenemos que es un hombre de 51 años, no sabemos si es de Sudán o de Tanzania y que tiene vínculos con Àmbit Prevenció y el CAS de Sants. Y ésta, Montse, es la persona que se ha puesto en contacto con nosotros y vino a verlo aquí, incluso llamó y dijo si podía visitar a William y vino, estaba aquí al lado en el Raval y vino. ¿Vale? Ella nos habló también de Caritas Badalona y estas dos chicas. Y la educadora social Sonia, pero ésta no se ha puesto en contacto con nosotros. Claro, él viene aquí para recuperarse de un ictus, cosa que ya está estabilizada… Entonces, nosotros ahora derivamos, esto es estancia limitada, aquí se está un tiempo. El tiempo de más situación de crisis a nivel de salud. Entonces, tenemos más contactos; Hospital Universitario de Burgos, porqué el apareció en Burgos y la trabajadora social de allí nos llamó.

-¿Estuvo en Burgos?

-Apareció en Burgos cuando tuvo el ictus. Este es el teléfono.

También estuvo en CPA Zona Franca y Centro de Día. CPA es un centro de primeras atenciones, es un albergue, que también hay más de uno. Es decir, hay varios CRASS, hay varios CPAs y luego hay otros, como nosotros, que somos un centro más concreto, para convalecientes.

-Cuando dices que apareció en Burgos cuando tuvo el ictus, ¿A qué te refieres?

-Eh… bueno, tendríamos que revisar los informes médicos, se supone que tuvo el ictus, alguien lo encontró en la calle, lo atendió y como estaba en Burgos en ese momento lo llevaron a aquel hospital

-¿Esto lo sabemos seguro o solo lo podemos suponer?

-A ver, tendríamos que reconstruir… Él estuvo en el hospital de Burgos porque tuvo un ictus, seguramente no lo tuvo en el hospital …

Es que claro, esto no es una historia, es un resumen, una abreviatura de todo.

-Sí, está claro.

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-Entonces, cuando sale del hospital como no saben a dónde enviarlo, contactan con Caritas e Hijas de la Caridad de Burgos, y él explica que es de Barcelona, que ha estado viviendo veinte años en Barcelona, en la Calle Manso, esquina con Viladomat. Y nos llama una hermana de allí y nos dice que tienen a este señor que le van a dar de alta del hospital y claro, que allí no se puede quedar mucho tiempo porque él no es de allí. Dice que ha estado en la calle y en la cárcel. Que tiene trabajador social, pero no saben si es de Sant Antoni, del Raval, de la Eixample o del Poble Sec, pero está es la zona donde se ha movido siempre. Y después otra hermana… Porque claro, nosotros descolocados con esto de Burgos pero que es de Barcelona… que no sabe ni de qué país es… eso ya lo explica un poco todo. Se supone que le dan de alta y va a un centro de acogida para personas sin hogar de Burgos y esta hermana nos llama para decirnos si nos lo pueden enviar, que ellos mismos lo acompañarían. Esto no es habitual, pero bueno, lo normal es que te paguen el billete y ya está. Entonces llega hasta aquí desde este circuito un tanto extraño.

-Y lo acompaña esta hermana, ¿no?

-Creo que sí, una de las dos hermanas lo acompaña, no se si Sor Teresa o Sor Magdalena. Entonces, el CAS de Sants, una de las entidades vinculadas, informa que en abril del 2013, es decir, un mes antes, fue a Burgos con RETO, una comunidad evangelista de estos que hacen lo del rastro de los muebles y son personas que han estado con problemas de alcohol o drogas y se quieren rehabilitar

-Aquí en la ficha pone que va a Burgos con RETO para que no lo persigan ¿Quién?

-Sí, porque también suponemos que hay un poco de tema mental, vale? Entonces, también nos informan que está tomando metadona y que está vinculado con el Centro de Día del CAS de Sants, pero aquí no toma metadona.

-¿Y esto de psiquiatría ESMESS?

-ESMESS es Equipo de Salud Mental para Personas Sin Techo. Claro, si vosotras queréis tener toda esta información yo tendría que sentarme y redactarlo, entiendo que… que lo podemos hacer eh, no hay problema pero, eh… no contaba con esto, claro, por eso no me he preparado nada.

Aquí también pone que queda pendiente de vincularlo al CAS de Sants si consume. No consume, por lo tanto nosotros no lo vinculamos, para nosotros no es una prioridad, no ha consumido ningún día desde que está aquí. O si no vincularlo al CSM, Centre de Salud Mental, si no consume en los últimos seis meses. Por eso lo vinculamos finalmente al ESMESS, dónde tiene una serie de visitas pero claro, no valoran que sea una persona que tenga que hacer un ingreso hospitalario ni nada de eso. Entonces el PT, que es el Plan de Trabajo, es Can Planas que es otro de los recursos, esto necesitaría una explicación a parte, que es el mapa de los recursos de la ciudad de Barcelona.

Bueno, esto ya está activado, eh… y tramitar la discapacidad, que esto lo está intentando hacer, con la dificultad que vosotras ya habéis podido comprobar, su trabajador social Miquel S. Es muy complicado porque significa tramitar la discapacidad de una persona indocumentada y que no sabes ni como empezar porque no sabes seguro ni de dónde es. Es complejo.

Al acabar esta interpretación de la ficha de William, David negó con la cabeza y sentenció:

Con William como única fuente no os vais a aclarar.

Pero, precisamente, lo que queríamos nosotras era conocer lo que nos podía contar William sobre quién era él. Caótica como pudiera ser, aquella era la historia que queríamos escuchar. La intención era que, a través de las entrevistas, nos desvelara la génesis de su identidad, es decir quien ha sido y quien es, y que a través del discurso que nos daba sobre él, pudiéramos entrever sus premisas culturales, sus modelos, la estructura social y las formas de conducta que él consideraba aceptables.

Queríamos conocer la casa en la cual se había edificado William, aunque esa fuera una casa que tambaleara.

“El primer punto a considerar acerca de las biografías es la costumbre de dar por supuesto que el individuo puede tener realmente solo una”

 Erving Goffman, Estigma. La identidad deteriorada

 

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