Delirio de una noche de invierno contra Goffman

“La contemplación de lo bello no suscita complacencia, sino que conmociona. Al final de las fases del camino de lo bello, el iniciado vislumbra “súbitamente” lo “prodigiosamente bello” (thaumaston kalon), lo “divinamente bello” (theion kalon). Pero el contemplativo pierde el control, es sumido en el asombro y el horror (ekplettontai). Un “delirio” lo arrebata”.

Byung-Chul Han, La salvación de lo bello

 

EL DELIRIO:

No sólo sus manos eran femeninas, también su forma de seducir, más parecida al deleite que comporta decir correctamente un trabalenguas, que a un épico plan de conquista.

Tenía la tendencia a susurrar desde las bambalinas, detrás de una cortina de terciopelo púrpura, haciéndola serpentear y dejando entrever un secreto.

Un secreto lánguido y quebradizo.

Prefería alejarse de los ángulos rectos, y hacía bailar la escena, mientras lo que suplicaba en su silencio era dejarse bailar.

Le pesaba su persona. Cuando salía al escenario debía colgarse, nublar su visión y entelar sus miedos para poder mostrar su imagen más hechicera. La imagen que regala la cocaína: UNA IMAGEN EN MAYÚSCULAS.

Aquella noche llevaba ojos de gata. Su recargado traje de noche, combinado sutilmente con la profunda tristeza que obsequiaba su mirada, regalaban una estampa dolorosa.

Supuraba belleza cada vez que descuidaba el guión.

Le regaló veinte piruetas que la cautivaron durante el rato más suspendido desde algún día que ya no podía recordar.

Se intercambiaron papeles, como si jugaran al ping-pong, y juntos esculpieron la escena más frágil e insostenible que habían escrito nunca en sus memorias.

Estaban designados a rozar algo arrebatado. Liminar.

La mañana le infringía un gran respeto, sin su enigmático antifaz. Ella le ganaba en número de cafés, una bebida demasiado lúcida para alguien que deambula en el limbo. Él aun devoraba las golosinas que guardaba en sus bolsillos, como el aire que no tenía.

Adoraba, desde la más delicada empatía, su terrible imaginación, su capacidad de creerse absolutamente cada uno de sus personajes. Sus métodos de supervivencia.

Le embriagaba una densa ternura, pegadiza y contagiosa. Una maldita y condenada inspiración. Corrompida.

Deseaba desentramar su magia negra: CARBÓN. Entender sus códigos, anestesiar sus miedos, perderse en cada uno de sus giros: infinitos e insospechados. Enfermos.

A destiempo.

Un destiempo agujereado y resbaladizo en su consciencia. Impetuoso, torpe y fatigoso, como sus palabras, tropezando una y otra vez con enigmas y figuras, evaporadas en el delirio de aquella noche de verano, discurrida en el más frío de sus inviernos.

 

El CONTEXTO:

Este ejercicio pretende reflexionar sobre la paradoja que padece un sujeto ante la elección de aprehender una experiencia desde una perspectiva poética o desde una perspectiva analítica y de los roces violentos que existen entre estas dos posiciones y sus límites incómodos y difusos.

A partir de una deconstrucción de un texto que escribí hace más de un año, gracias a la distancia que ofrece el tiempo, empleo una mirada crítica y analítica sobre algo vivido de forma poética en un momento pasado.

Parto de la reflexión del tiempo como materia, como algo palpable que se puede moldear como barro y permite hacer separaciones, muros, barreras, puntos, comas, pausas, silencios. Distinciones entre aquello que fue y aquello que es. Entre ayer y hoy. ¿Cuándo era ayer? ¿Es ya hoy?

El tiempo como algo que permite dar nombre a las cosas. Como algo que da principios y finales. Como barro con el que podemos esculpir y que también se deshace por el calor y se desgasta por el paso de los años y cambia de forma. Haciendo imposible el hecho de volver a la forma primera.

Es un intento de mostrar la vulnerabilidad de este concepto: el tiempo, y su influencia sobre nuestra concepción de lo vivido, de cómo podemos hacer que éste module nuestra idea del yo y la responsabilidad que tiene el sujeto de decidir cómo explicarse la realidad. De esta concepción viene el ejercicio de contrastación entre dos maneras de estar en el mundo, de mostrar el dilema existencial de escoger entre lo sentido y lo entendido. Entre la sensación del barro entre las manos y la escultura que queda hoy.

¿Es ya hoy?

A partir de alternar el texto poético con fragmentos de la escritura analítica y lúcida del sociólogo Erving Goffman y su obra “La presentación de la persona en la vida cotidiana” intento mostrar una encrucijada propia que se extiende en todas las facetas vitales: elegir entre lo místico y el análisis. Dos posiciones muy potentes que se pelean constantemente y se resisten a simpatizar entre ellas.

 

El ANÁLISIS:

“Probablemente no sea un mero accidente histórico que el significado original de la palabra persona sea máscara”

Robert Ezra Park

A continuación, todas las citas forman parte de la obra “La presentación de la persona en la vida cotidiana” de Erving Goffman y están entre comillas.

Las fotografías forman parte del proyecto en curso “Milán 40, conjunto arquitectónico teatral” de Francesc Pascual Torrens.

La poesía está en cursiva, y es mía.

“En este estudio empleamos la perspectiva de la actuación o representación teatral; los principios resultantes son de índole dramática”.

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“El escenario teatral presenta hechos ficticios; la vida muestra, presumiblemente, hechos reales, que a veces no están bien ensayados. Pero hay algo quizá más importante: en el escenario el actor se presenta, bajo la máscara de un personaje, ante los personajes proyectados por otros actores; el público constituye el tercer partícipe de la interacción, un partícipe fundamental, que sin embargo no estaría allí si la representación escénica fuese real. En la vida real, estos tres participantes se condensan en dos; el papel que desempeña un individuo se ajusta a los papeles representados por los otros individuos presentes, y sin embargo estos también constituyen el público”.

No sólo sus manos eran femeninas, también su forma de seducir, más parecida al deleite que comporta decir correctamente un trabalenguas, que a un épico plan de conquista.

“Puede obtener placeres no profesionales de su mascarada, experimentando una especie de gozosa agresión espiritual ante la posibilidad de jugar a voluntad con algo que su público debe tomar seriamente”.

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Tenía la tendencia a jugar desde las bambalinas, detrás de una cortina de terciopelo púrpura, haciéndola serpentear y dejando entrever un secreto.

Un secreto lánguido y quebradizo.

“Más bien, se espera que cada participante reprima sus sentimientos sinceros inmediatos y transmita una opinión de la situación que siente que los otros podrán encontrar por lo menos temporariamente aceptable. El mantenimiento de esta apariencia de acuerdo, esta fachada de consenso, se ve facilitado por el hecho de que cada participante encubre sus propias necesidades tras aseveraciones que expresan valores que todos los presentes se sienten obligados a apoyar de palabra”.

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Prefería alejarse de los ángulos rectos, y hacía bailar la escena, mientras lo que suplicaba en su silencio era dejarse bailar.

“Hay un aspecto de la respuesta de los otros que merece aquí un comentario especial. Al saber que es probable que el individuo se presente desde un ángulo que lo favorezca, los otros pueden dividir lo que presencian en dos partes: una parte que al individuo le es relativamente fácil manejar a voluntad, principalmente sus aseveraciones verbales, y otra sobre la cual parece tener poco interés o control, derivada sobre todo de las expresiones que él emite. Los otros pueden usar entonces los que se consideran aspectos ingobernables de su conducta expresiva para controlar la validez de lo transmitido por los aspectos gobernables. Esto demuestra una asimetría fundamental en el proceso de comunicación, en el cual el individuo sólo tiene conciencia de una corriente de su comunicación, y los testigos, de esta corriente y de otra más“.

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Le pesaba su persona. Cuando salía al escenario debía colgarse, nublar su visión y entelar sus miedos para poder mostrar su imagen más hechicera.

La imagen que regala la cocaína: UNA IMAGEN EN MAYÚSCULAS.

No deje que le saquen ventaja, porque está liquidado. Yo siempre empiezo mostrándome duro. El primer día que llego a una clase nueva, les hago saber quién es el patrón. Usted tiene que comenzar así; entonces puede aflojar gradualmente, sobre la marcha. Si se muestra blando desde el comienzo, cuando trate de ponerse severo no harán más que mirarlo y reírse”.

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“Una «actuación» (performance) puede definirse como la actividad total de un participante dado en una ocasión dada que sirve para influir de algún modo sobre los otros participantes”.

Aquella noche llevaba ojos de gata. Su recargado traje de noche, combinado sutilmente con la profunda tristeza que obsequiaba su mirada, regalaban una estampa dolorosa.

“En la vida diaria, por cierto, existe el supuesto bien claro de que las primeras impresiones son importantes“.

“Como parte de la fachada personal podemos incluir: las insignias del cargo o rango, el vestido, el sexo, la edad y las características raciales, el tamaño y aspecto, el porte, las pautas de lenguaje, las expresiones faciales, los gestos corporales y otras características semejantes.”

Supuraba belleza cada vez que descuidaba el guión.

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“Sin embargo, durante el período en que el individuo se encuentra en la inmediata presencia de otros, pueden tener lugar pocos acontecimientos que proporcionen a los otros la información concluyente que necesitarán si han de dirigir su actividad sensatamente. Muchos hechos decisivos se encuentran más allá del tiempo y el lugar de la interacción o yacen ocultos en ella. Por ejemplo, las actitudes, creencias y emociones «verdaderas» o «reales» del individuo pueden ser descubiertas solo de manera indirecta, a través de sus confesiones o de lo que parece ser conducta expresiva involuntaria“.

“La expresividad del individuo (y por lo tanto, su capacidad para producir impresiones) parece involucrar dos tipos radicalmente distintos de actividad significante: la expresión que da y la expresión que emana de él“.

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Le regaló veinte piruetas que la cautivaron durante el rato más suspendido desde algún día que ya no podía recordar.

“Sabemos que, en ocupaciones de servicio, profesionales que pueden en otras circunstancias ser sinceros se ven forzados a veces a engañar a sus clientes porque estos lo desean con toda el alma. Estos son actuantes cínicos cuyos auditorios no les permiten ser sinceros”.

Se intercambiaron papeles, como si jugaran al ping-pong, y juntos esculpieron la escena más frágil e indescifrable que habían escrito desde hacía milenios.

“Cuando un individuo desempeña un papel, solicita implícitamente a sus observadores que tomen en serio la impresión promovida ante ellos. Se les pide que crean que el sujeto que ven posee en realidad los atributos que aparenta poseer, que la tarea que realiza tendrá las consecuencias que en forma implícita pretende y que, en general, las cosas son como aparentan ser“.

las cosas son como aparentan ser

las cosas son como aparentan ser

las cosas son como aparentan ser

las cosas son como aparentan ser

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“Este tipo de control sobre la parte del individuo restablece la simetría del proceso de comunicación, y prepara la escena para una especie de juego de la información —un ciclo potencialmente infinito de secreto, descubrimiento, falsa revelación y redescubrimiento—. Se debe agregar que como es probable que los otros no abriguen demasiadas sospechas acerca del aspecto presumiblemente no guiado de la conducta del individuo, este puede obtener grandes ventajas controlándolo. Los otros, por supuesto, pueden sentir que el individuo está manejando los aspectos presumiblemente espontáneos de su conducta, y buscar en este mismo acto de manipulación algún matiz de conducta que el individuo no haya podido controlar. Esto impone de nuevo una limitación a la conducta del individuo, esta vez su conducta presumiblemente no controlada, con lo que se restablece la asimetría del proceso de comunicación.

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“Se inventan fantasías en las cuales tienen lugar devastadoras revelaciones. Se cuentan y recuentan anécdotas del pasado —reales, adornadas o ficticias—, que detallan disrupciones que ocurrieron o estuvieron a punto de ocurrir, o que ocurrieron y fueron admirablemente reparadas”.

Estaban designados a rozar algo arrebatado. Liminar.

La mañana le infringía un gran respeto, sin su enigmático antifaz. Ella le ganaba en número de cafés, una bebida demasiado lúcida para alguien que deambula en el limbo. Él aun devoraba las golosinas que guardaba en sus bolsillos, como el aire que no tenía.

Adoraba, desde la más delicada empatía, su terrible imaginación, su capacidad de creerse absolutamente cada uno de sus personajes. Sus métodos de supervivencia

“Encontramos que se emplean de continuo prácticas preventivas para evitar estas perturbaciones, y también prácticas correctivas para compensar los casos de descrédito que no se han podido evitar con éxito”.

“En un extremo, se descubre que el actuante puede creer por completo en sus propios actos; puede estar sinceramente convencido de que la impresión de realidad que pone en escena es la verdadera realidad. Cuando su público también se convence de la representación que él ofrece —y este parece ser el caso típico—, entonces, al menos al principio, solo el sociólogo o los resentidos sociales abrigarán dudas acerca de la «realidad» de lo que se presenta”.

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Le embriagaba una densa ternura, pegadiza y contagiosa. Una maldita y condenada inspiración. Nada puritana. Corrompida. Deseaba desentramar su magia negra: CARBÓN. Entender sus códigos, anestesiar sus miedos, perderse en cada uno de sus giros: infinitos e insospechados. Enfermos.

A destiempo.

“Cuando el sujeto emplea estas estrategias y tácticas para proteger sus propias proyecciones, podemos referirnos a ellas como «prácticas defensivas»; cuando un participante las emplea para salvar la definición de la situación proyectada por otro, hablamos de «prácticas protectivas» o «tacto». En conjunto, las prácticas defensivas y protectivas comprenden las técnicas empleadas para salvaguardar la impresión fomentada por un individuo durante su presencia ante otros. Se debería agregar que si bien podemos mostrarnos dispuestos a aceptar que ninguna impresión fomentada sobreviviría si no se empleasen las prácticas defensivas, estamos quizá menos dispuestos a ver cuán pocas impresiones sobrevivirían si aquellos que las reciben no lo hicieran con tacto”.

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Un destiempo agujereado y resbaladizo en su consciencia. Impetuoso, torpe y fatigoso, como sus palabras, tropezando una y otra vez con enigmas y figuras, evaporadas en el delirio de aquella noche de verano, discurrida en el más frío de sus inviernos.

“Algunos de los supuestos sobre los cuales se habían afirmado las respuestas de los participantes se vuelven insostenibles, y los participantes se encuentran en el seno de una interacción cuya situación había sido equivocadamente definida y ahora ya no está definida en modo alguno. En tales momentos, el individuo cuya presentación ha sido desacreditada puede sentirse avergonzado, mientras los demás circunstantes se sienten hostiles, y es posible que todos lleguen a encontrarse incómodos, perplejos, desconcertados, experimentando el tipo de anomia que se genera cuando el pequeño sistema social de la interacción cara a cara se derrumba”.

 

Ahora la poesía también es tuya.

 

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